Jaime Moreno Villarreal
Quien ve una obra de Zesatti cree que en el lienzo está impresa una fotografía; quien se detiene, descubre que es una pintura hiperrealista perfecta. Es como mirar, a través de una ventana, el más deslumbrante paisaje natural, pero realizado por el pincel de un virtuoso.
Zesatti es un artista que, como lo hicieron los románticos, rinde culto a la contemplación de la naturaleza y a su magnificencia. Así como en el mundo natural cada ser tiene el lugar, la forma y la dimensión precisa, en la obra de Zesatti pasa lo mismo.
A lo largo de su trayectoria ha pintado cada uno de los elementos de la naturaleza. Ha dedicado series y colecciones al agua del río, a los mares, piedras, árboles, manglares, cerros, desiertos, vegetaciones tropicales, palmeras, cocos. Cada hoja es perfecta, cada montaña, grandiosa. Siempre están solos, sin la intervención ni la presencia del hombre. Son ellos, los elementos de la naturaleza, los personajes de su obra.
Zesatti empezó a pintar como pasatiempo. Estudió administración y se volvió un autodidacta, primero del óleo, luego de la tinta china, el pastel, la acuarela y el acrílico.
Se dice un hombre obsesivo y el exceso de detalle en su pintura lo prueba. Pinta con la primera luz del día, sin parar y con música de fondo, en un estudio que quienes lo han visitado describen como limpio y ordenado.
Sus lienzos, en toda la gama de verdes, azules y marrones, transmiten al espectador la misma limpieza, orden y tranquilidad; son una reverencia al paisaje, una oportunidad de apreciar la naturaleza en su más minúsculo detalle, en su perfección, en su orden cósmico.
Germaine Gómez Haro